Había una vez... una princesa de su eterno cuento. Se llamaba Eva, o eso le dijeron para que la nena que escuchaba el cuento sonriera. Una princesa que no conocía la maldad que se iluminaban en los ojos humanos. Una princesa de largos cabellos rubios. Enormes. Era perfecta. Completamente perfecta. La nena de su padre. Jugaba con sus amigas identicas en el jardín. Pero el libro se cerró y la princesa se quebró. Dejó de ser princesa para ser simplemente Eva mientras la vestía con tules negros que ella no deseaba. Mientras los ojos llenos de decepción, culpa y odio la miraban, la nena se seguía cubriendo de tules negros. Cada vez más fuertes que le permitieron dejar de ver la realidad de la vida. Pintó en su interior a todos de diferente colores. A las amigas que solía querer, a todos los habitantes de su pequeño pueblo. No quiso ser la princesa, quiso ser una más. Vivir todo eso que no había vivido por que el rey no le había dejado. Decidió ser libre a su modo, ser feliz por ella misma y jamás terminó por conseguirlo. Se cayó al suelo millones de veces más. Dolida se volvió a levantar. Creandose un escudo donde nadie podría lastimarla nunca más. Pero pudieron. Una y otra vez. Cerró los ojos ante personas que la traicionaron y dejó que un auto chocara contra ella. Para volver a encontrarse con aquel rey.

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viernes, 6 de noviembre de 2009 @ 7:46 / 0 daisies


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