No eres nadie


Notó entonces algo nuevo proveniente de aquel hombre y no creyó conocer aquello que él irradiaba. Supuso que quizás sí en algo Gabriel tenía razón: de seguro Molly si estaba cansada de que él siguiera su sombra, pero eso terminaría pronto. -Tengo muy en claro que ella puede sola.- Afirmó asintiendo ignorando todo lo demás porque no sabía del todo como responder a aquello que él le estaba mostrando, quizás fuera ¿un sentido sobreprotector de padre? Quizás estaba.. celoso, sí. Era ese sentimiento lo había visto antes, ahora que pensaba, más sin embargo jamás había llegado a copiarlo porque de momento no creía tener que hacerlo. -¿Tu puedes con ella?- Repitió Nathanael y parpadeó. -Comprendo.- añadió al instante elevando su vista hacia el cielo que, naturalmente, no podía vislumbrar del todo. -¿Quieres que me aleje?- Preguntó entonces ladeando su rostro y observandolo con atención, observando sus reacciones.
- ¿Estás jugando conmigo, kid? Por supuesto que quiero que lo hagas -respondió rapidamente fastidiado. Realmente estaba jugando con él y con sus nuevos sentimientos. Ese pequeño, bueno, no tan pequeño, chico intentaba fingir ser una especie de guardaespaldas cuando él debía hacer eso. Se acercó cruzandose de brazos, levantando la barbilla de forma amenazante al escucharlo. Si tuviera un poco de conciencia notaría que estaba siendo ridiculo, completamente. - Pero sé que amenazandote te acercarás aún más.
Nathanael negó tranquilamente con la cabeza, no estaba jugando con él, simplemente no estaba dandole tanta atención. Pudo comprender que Gabriel se molestaba con una velocidad alarmante pero comprendía que lo hacía por su hija, y Molly era.. ella era.. especial. -Si, no voy a alejarme.- concordó el joven a pesar de que naturalmente, si Gabriel le dijera que se alejara, bueno, Nathanael no lo haría tampoco. -Comprendo que seas su padre y.. necesites sentir que ella confía en tí, y que puedes protegerla solo. A pesar de que ella puede protegerse bien. Pero yo no impido que ocupes tu lugar, entonces no comprendo porqué buscarías que me apartara.- Respondió mirandolo. -Yo sólo cumplo sus ordenes.-
- Claro que lo impides. Estás... ¿Quien eres? ¿Como te llamas? ¿Desde hace cuanto estás con los Iluminados? -preguntó casi a los gritos, de manera idiota, sin poder controlarse. Se alejó un poco tratando de tranquilizarse o le iba a dar un gran puñetazo en el perfecto rostro. Pero estaba en su razón, nadie debería cuidar a su hija más que él. - No eres nadie para seguir sus órdenes.
El joven frunció el ceño ante la actitud del hombre frente a él, y su postura se volvió más fría por alguna razón que ni siquiera él notó. -Mi nombre es Nathanael, hace dos años estoy con ellos y no soy nadie.- respondió acotando las últimas palabras de Gabriel en su propia oración con firmeza, e inexpresividad. Sintió algo nuevo en su interior, molestía, quizás pero no entendía de donde había salido. Lo observó y volteó para comenzar a alejarse. -Al igual que tu, al igual que todos.- añadió comenzando a perderse entre la niebla.


Malo malo gabriel.

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domingo, 23 de mayo de 2010 @ 5:12 / 0 daisies


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