¿Ahora si puedo decirte 'Hola Lilah'?

6 de junio ~ Cuartel (Centro medico)
Luego de aquella noche en la cual se había encontrado con Zeus y mantenido una larga conversación, algo en ella había cambiado, fue como si de repente todo el futuro que tenía planeado se hubiera desmoronado y convertido en aquello que alguna vez fue parte de su imaginación. Sabía la ubicación del nuevo cuartel, pues había acompañado a Zeus hasta la puerta de éste, siendo incapaz, aún, de entrar y regresar. La curiosidad y las ansias la estaban matando, fue por esto que sin pensarlo dos veces tomó su abrigo de la silla y salió de aquel lugar que ahora llamaba “casa”. Caminó erguida y alerta, escabulléndose entre los guardianes y percatándose de que nadie sospechara de la dirección que tomaría. Pasaron unos cuantos minutos hasta que se detuvo frente a la puerta del lugar, dudosa aun de si debía entrar o no. Tomó aire llenándose de valor, y giró la manilla de la puerta que la adentró en un desconocido lugar, pero que al mismo tiempo,tenía cierto aire familiar.
Gabriel llegaba de aquel encuentro con 'Moritz' o como rayos se hacia llamar quien fue su mejor amigo en un tiempo, el mejor amigo de Zeus. Con el odio corriendo en sus venas debido al sentimiento nuevo que vivía, se sorprendió al ver una cabellera rubia entrar en el cuartel. Le pareció sumamente extraño dado que la única rubia era Lilly y además de tener un trauma con salir al exterior era diferente su... cuerpo. Aquella chica era definitivamente diferente, y al mismo tiempo familiar. Trotó un poco acercándose, sosteniendole la puerta cuando estuvo apunto de cerrarse. Una vez dentro realmente lo notó, no era Lilly, era la persona que había ido a buscar sin poder encontrarla.
- Lilah -soltó sorprendido, cuando la puerta finalmente se cerró y tuvo que hacerle una seña al guardia de que la chica estaba con ella, la seguridad había cambiado demasiado hasta para Gabriel era un tanto exagerada, pero ahí estaba.
Una vez dentro del lugar, notó que un hombre la miraba extraño, quizás algo molesto. No demostró miedo ni inseguridad alguna, había aprendido en estos dos años a ocultar cualquier cosa que pasara por su mente, a bloquear cualquier tipo de emoción, había aprendido a comportarse como un guardián. Notó que la puerta no se cerró tras ella, pero no prestó mayor atención hasta que sintió el portazo y una voz terriblemente conocida que la nombraba con aquel sobrenombre que ella misma había enterrado hace un par de años. Giró sobre sus talones lentamente, como cual paso de baile y lo miró a los ojos, fijamente, con el rostro serio y las manos en los bolsillos- Allie –corrigió y lo miró de pies a cabeza, reconociéndolo, se detuvo finalmente en sus ojos-. Gabriel… o ¿debo decir Jacob? –arqueó una ceja preguntando con una fría ironía.
- ¿Allie? -balbuceó sorprendido, acercándose a ella como si realmente no estuviera ahí o como si no fuera real. La había buscado tanto tiempo y ella lo había encontrado. Había fallado una vez más y por si fuera poco mantenia esa postura extraña en ella alejandola cualquier tipo de calidez que solía traer Lilah cuando se la miraba. Hasta el cabello la hacia diferente y extraña. Dio unos pasos hacia delante, hacia ella apoyando sus manos sobre sus hombros. - No... soy Gabriel, Lilah. ¿que rayos te pasó? ¿Que rayos te hiciste a ti mísma?
No quitó la vista de él en ningún momento, seguía en la misma postura que hubiera usado si se encontrara en el exterior. Lo vio acercarse a él, y en cuanto sintió sus manos en los hombros de ella, fue como si parte de aquella máscara se hubiera quebrado, como si aquel contacto la hiciera sentir vulnerable. Evitó demostrarlo, miró ambas manos sobre sus hombros y dio un paso hacia atrás, haciendo que éstas cayeran. – Gabriel, entonces –lo miró nuevamente, aunque ésta vez se incomodara al hacerlo-. No responderé preguntas tontas.
El paso que ella dio hacia atrás dio un pie para que él se adelantara, mirandola preocupado, sin dejar aquella mirada que había olvidado que tenía. - No son preguntas tontas, Allie. Hemos estado preocupados por tí, Zeus y yo. ¡Te he buscado! -admitió sinceramente, lo único que le hacia volver a la realidad era esa necesidad de volverla a ver.
- Claro –bufó soltando una sonrisa cargada de ironía, que ayudaba a ocultar el dolor que le producía el recordar lo sucedido.- Si hubieran estado realmente preocupados, como dices tú, no estaríamos hablando esto, ni estaríamos en esta situación. Porque de seguro yo hubiera pasado estos dos años con ustedes, y no habría tenido necesidad de irme el día que ocurrió el incendio. Así que no me hables de preocupación –trató de mantener la calma, aun cuando dejaba entre ver la rabia que sentía, y que no podía controlar, no ahora que lo tenía en frente.
- Sé -se apresuró a decir controlandose también, ultimamente ese odio podía dejarse llevar, recordando a quienes había golepado en su ataque de locura. - Sé que he sido un infeliz, Lilah, pero no puedes condenarme a esto. He dejado esa idiotez de ser líder. No puedo salvar a nadie, pero... puedo salvarte a tí si lo necesitas -se acercó una vez más con el entrecejo fruncido. - Y lo necesitas. Toda esa rabia contra mí, es en vano.
Resopló sonoramente negando con su cabeza, se cruzó de brazos y desvió la vista frustrada, enojada. Las palabras de Gabriel le parecían insensatas y tontas.- No necesito que me salves de nada, Gabriel –volvió la vista hacia él-. Mírate –lo señaló con la mano- con suerte puedes salvarte a ti mismo, y ¿pretendes salvarme? No seas ridículo. Recuerdo que una vez dije que eras un cobarde, y durante todo este tiempo, hasta ahora, lo he reafirmado –frunció su ceño, hablando con el mismo tono frío del principio, como si no le importara herirlo con sus palabras, aunque ese no fuera el objetivo.
Dio un par de pasos hacia atrás, cruzandose de brazos notando el dolor que había ocasionado en él las palabras de Lilah, por más que las supiera, sabía que era un perdedor, infeliz y cobarde, pero dolía escucharlo de la única persona en la que tenía fé. - ¿Que quieres en el cuartel? No es como antes, el líder a cargo no es idiota como yo. Si quieres quedarte tendrás que comprarla.
¿Comprarla? ¿El nuevo líder era mujer? Aquello era algo que no se esperaba, hasta hace pocos momentos ella podría jurar que Gabriel seguía siendo el líder de todo esto. Relajó la postura y caminó por la habitación observándola- No me interesa comprar a nadie. No creo que sea prudente que vuelva, sólo quería… saber cómo estaban las cosas –y él, aunque no quisiera admitirlo, él era el principal motivo de su visita.- ¿Quién es el nuevo líder? –lo miró curiosa.
- Yo quiero que te quedes -se apresuro a contestar, buscando alguna opción. Tenía una carta bajo la manga, pero iba a ser lo último en usar. - Zeus te necesita, se ha puesto... peor que nunca. -humedeció los labios mirandola girar por la habitación, pensativo sin contarle o no. - Mi hija es el líder. Creo que te acuerdas de ella.
Abrió los ojos sorprendida, la hija que Gabriel tanto había buscado ahora ocupaba el puesto de su padre. –Sí, la recuerdo. Me hablaste de ella un par de veces –desvió su mirada recordando la vez en que comparó sus ojos con los de ella.- De tal palo, tal astilla ¿no? –revoleó los ojos y se apoyó en una de las paredes-. ¿Qué le pasa a Zeus? ¿Qué tiene?
- Strega murió, Lilah, eso le pasa. No quiere hablar con nadie, no quiere nada, gruñe en vez de hablar. Hasta Molly trató de hablarle y sólo consiguió mas insultos -rió unos minutos negando, ella no sabía lo que su hija podria lograr. La miró unos minutos serio, rendido ante la frialdad de Lilah, pero tomando aire para soltarlo. - Tu hermano está vivo. Tienes que saberlo.
Aquello fue como un balde de agua fría, se podía haber esperado muchas cosas, pero eso, jamás. Se quedó en silencio convenciéndose a sí misma de haber escuchado lo correcto. Su hermano, por el que tanto peleó y sufrió estaba vivo. Se separó de la pared, y caminó con paso lento, casi amenazador, hacia Gabriel- ¿Qué dijiste? ¿Cómo que está vivo? –se detuvo a poco menos de un metro de él- ¿Cómo lo sabes? –eran muchas las preguntas que se formularon en su cabeza, pero estaba muy confundida como para hacerlas todas.
Sabía que iba a responder de ese modo, no le encontró ninguna sorpresa. Ya estaba hecho el daño, asi que si tanto lo odiaba ahora iba a odiarlo peor que nunca. Y cuando volviera a ver a su hermano... simplemente todo estaría muerto. - Siempre supe que estaba vivo.
No supo cómo reaccionar ante aquella declaración. Gabriel la había visto sufrir por su hermano, y nunca le dijo nada. Su rabia fue incrementando tanto que se le hizo imposible separar sus ojos de los de él, lo miraba casi con repulsión, exigiendo respuestas- ¡¿Y cómo fuiste capaz de callarte tanto tiempo, Gabriel?! –preguntó entre dientes-. ¿Por qué lo hiciste? –murmuró mientras sus ojos se llenaban, inevitablemente, de lágrimas. Le dolía saber que le habían mentido de esa manera, y mucho más si era Gabriel quien lo hacía.
- Tenía que hacerlo. Siempre fue un plan, nuestra salvación. Lo obligue a irse hace mucho... y él prefirió fingir su muerte -admitió contandole la verdad. Asi era, como siempre guardandose millones de cosas y secretos, no importara cuanto quisiera a Lilah, siempre iba a haber un secreto que no pudiera decirle en ningún momento. - Puedes golpearme si quieres, pero quería ver si eras la misma.
- Golpearte… es poco –murmuró aun confundida, era mucha información recibida en poco tiempo-. Aún no entiendo el sentido de ese plan, ¿por qué no podías contármelo? Tú me viste llorar y sufrir por mi hermano, y siempre fue todo en vano –negó con la cabeza, le parecía increíble todo lo que escuchaba, había vivido toda una mentira. -¿Pasé la prueba? –lo miró preguntando con su, ahora, característica ironía.
- Era desición de él, Lilah. ÉL quiso fingir su muerte para no dañarte, jamás creyó que lo irías a buscar. Pensó que seguirías tu curso -se llevó las manos a los bolsillos del jean desgastado tratando de parecer normal o tratando de librarse de toda culpa. - Hasta me odia por amarte, asi que uno mas, uno menos...
Sus pensamientos y cuestionamientos se detuvieron al escuchar la última frase, “me odia por amarte”. Relajó su rostro, y por primera vez en todo este rato, lo miró distinto, vio a través de sus ojos cansados, vio a ese Gabriel cansado y destruido. Se quedó en silencio, observándolo. Por primera vez, tuvo sentido el hecho de que él podia “salvarla”, porque realmente él era el único que podía desarmar sus esquemas, lo había sido antes, y lo sigue haciendo ahora.
Dio unos pasos hacia ella, decidido al notar ese antibajo tan notorio, los ojos claros de Lilah seguían mostrando esa chica que estaba buscando en aquel monstruo duro y frío que no le recordaba a la mujer que quería. Se acercó a ella, apoyando sus manos en su rostro para que lograra mirarla, soplando suavemente su rostro para tranquilizar sus ojos anteriormente llenos de lágrimas. - ¿Ahora si puedo decirte 'Hola Lilah'?
Etiquetas: gabriel davies jacob
jueves, 10 de junio de 2010 @ 1:27 / 0 daisies
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