Yo crezco.

23 de diciembre # Playa.
La soltó repentinamente, como si nada hubiese pasado. La realidad era que Justin se encontraba extraño, no iba a demostrarlo, o intentaría con todas las fuerzas no hacerlo, pero estaba asustado. Había cambiado de opinión, era cierto, alguien había hecho que él cambiara de opinión pero aún así, no sabía que hacer. Caminó delante de ella esperando que lo alcanzara, volviendo a guardar las manos en los bolsillos del pantalón evitando mirarla demasiado.
Caminó detrás de él abrazandose los brazos con fuerza por aquel viento a pesar de la abrigada ropa del rubio. Cada paso que daba le parecia más doloroso que el siguiente, mirando de reojo hacia la mansión a la que abandonaban, deseando volver. Tropezó varias veces como de costumbre, cayendo al suelo una vez para levantarse sola al instante, sintiendose contenta cuando pisaron la arena de la playa, donde no podía caerse.
No caminó mucho más luego de pisar la arena. Se detuvo cerca de unas rocas en las cuales, al sentarse, puso apoyar la espalda dando un largo y pesado suspiro. Esperó a que ella se acercará volteando un poco la cabeza para asegurarse de que estaba ahí a pesar de que la oía caminar detrás, y le hizo un gesto con la cabeza, medio sonriendo para que lo acompañara.
No iba a sentarse con Justin, si es que quería seguir vivo él. Prefirió mantenerse a su lado con los brazos cruzados, sintiendo como el viento chocaba contra su cara y hacia volar sus cabellos. Intentó prestar atención en las olas golpeando contra la arena en vez de aquella respiración tan fuerte de Justin.
-¿Que... necesitabas, Justin?
Tomó aire, y cerró los ojos un segundo eterno mientras lo pensaba. Necesitaba muchas cosas.
- Lo siento, Laureen, yo lo… - Al abrirlos la miró desde donde estaba sentado, viendo como ignoraba mirarlo y entendiendo; entonces se acercó un poco moviéndose de donde estaba sentado para tocarle apenas la pierna mientras miraba su propia mano. – Yo quiero estar contigo ahora, en esto, soy… soy terrible, lo sé. – Rió apenas, burlándose de él mismo por ser tan idiota. – Tengo miedo, mucho pero… Puedo cuidarte y estar bien para ti, quiero hacer las cosas bien, quiero… Que te sientes, por favor. – Levantó su cabeza, casi rogando al verla.-
- No... No te entiendo, Justin-susurró mirandolo más extrañada que antes, sin entender el laberinto que había hecho con sus palabras. Pero de todos modos hizo lo que le pidió, sentandose en aquella roca dura. Aclaró su garganta antes de que él siguiera con todo eso mientras apoyaba su mano sobre una de las de Justin. -Yo provoqué todos estos problemas, Justin. No merezco que te quedes conmigo. Ya lo he entendido.
- Cásate conmigo. – La miró tan serio al decirlo, tan decidido afirmando lo que quería, que tomó sus manos con más fuerza, a pesar de que no la estaba ejerciendo. Tal vez no se lo tomara en serio, pero Justin lo quería todo, no tenía tiempo ni ganas de dar demasiadas vueltas en algo que siempre terminaría en lo mismo. Laureen era lo que él necesitaba, Laureen lo era todo.
.Casi rió al escucharlo, esperando que todo aquello fuera una broma pero al no verlo sonreír y reírse como siempre abandonó la sonrisa tan rápido como llegó. Se acercó a él poniendose de rodillas en aquella roca. Acarició su pelo y mejillas lentamente dejando un beso en su frente, con toda la ternura contenido en ella.
-Te amo tanto, Justin Adam-susurró dejando su frente sobre la de él, dejando escapar un largo suspiro. -Pero no quiero que te ates a mí por que estoy embarazada. No te lo mereces. Tienes 17 años y toda una vida por delante, no voy a dejar que la termines por mi culpa.
- Yo crezco. - Movió apenas sus manos de las de ella, para revolver en el bolsillo del pantalón aquella pequeña caja negra que tanto había observado ese día. No dudando, sino esperando ansioso. La abrió delante de sus ojos, si, era real, y no había nada que lo cambiara. Su respuesta no podía arruinarlo, un ‘no’ no cambiaría nada ya. - Te amo, Laureen. Cásate conmigo.
Suspiró con fuerza, cerrando los ojos en la frente de Justin con aun mas fuerza al apretar sus manos. No podía decirle que no, nadie haría algo así por ella nunca. Quería ser la persona más egoísta y aceptarlo, sabiendo que iba a destruirlo así. -Vas a odiarme, Justin. Vas a detestarme, a mi, a todo esto. Te vas a ir lejos y odiar este día. Pero yo jamás voy a dejarte a partir de hoy -resopló dejando salir el aire que la mataba apoyando uno de sus ojos sobre la frente de Justin, impidiendo que la lágrima saliera. -Sabes que si, Golden Boy.
- ¿Si… si? – Una gran sonrisa se dibujo en su rostro, y sintió esas ganas enromes de besarla que contuvo, las contuvo al tomar el anillo tan hermoso y delicado elegido por Daphne de la caja, emocionado como un idiota al tomar su mano tratando de calmarse. Entonces la miró, recordando preguntar antes. - ¿Estás segura? Porque… De verdad quiero esto.
-'De verdad quiero esto'-repitió con una sonrisa las palabras de Justin extendiendo la mano con emoción. Miró el anillo con una sonrisa, como si no fuera real y pronto despertaría en su cuarto sola. -Si estoy segura. Apurate antes de que vea mucho tu nariz y me arrepienta de un futuro calculando como besarte sin chocarme.
Etiquetas: laureen Beclark
domingo, 13 de junio de 2010 @ 15:09 / 0 daisies
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