Intentaré que no te violen dentro, será dificil.

10 de julio ~ bar random
- Maybe, pegarle a chicos, grandes, escuchar voces, volverme loco -bromeó al escucharla una vez más, para él había terminado su vida hacia rato. No había nada para lo que vivir, tal vez su madre, tal vez esta amistad con ella y con Juliet. No sabía, ni tampoco le interesaba. Había cosas que habían cambiado en él, miró el bar al que siempre solía ir acercándose finalmente y abriendole la puerta a Lucy para que pasara antes que él. - Intentaré que no te violen dentro, será dificil.
—¿Ah?— Preguntó con una ceja levantada, mirandolo de reojo mientras pasaba delante de él, sin siquiera fijarse en el lugar, o como era. Solo... tomando su mano con fuerza, entrelazando sus dedos con los de él meintras aguardaba a que entrara trás ella, que en realidad, no la dejara ni por un segundo. Era extraño para Lucy confiar en alguien, y en el estaba depositandolo todo. Sin importarle demasiado otras cosas, pero... Allí estaba.
- Hey, ni que fueran a hacerte algo, son idiotas todos -admitió mirando a los clientes del bar que en algún momento habían tratado con Freddie, tanto en amistad como en odio. Caminó con ella, tirando de su mano hasta la barra, sentandose con rapidez y dandole varios golpecitos al asiento de su lado. - ¿que vas a pedir, nob?
—Ah...— Pensó por un segundo, distrayendose con todo alrededor, mirando curiosa cada detalle, cada rostro. Como si en realidad entonces pudiese mirar a las personas a los ojos. Cosa que nunca hacía, y que entonces, tal vez, no era el mejor momento para intentar probar como se sentía exactamente el leer rostros o algo así. Eso que siempre evitaba con miedo de que, la leyeran a ella, y su dolor.
Se sentó a un lado de Fred, en el asiento que le había señalado, y luego de pensar dos mínimos segundos, se encogió de hombros, con un gesto también con sus labios de incertidumbre, y negó.
—No lo sé, ¿qué vas a tomar tú?
- Pensaba en whisky pero no quiero matarte, pensaba en tequila pero no quiero que termines mal, asi que supongo que cerveza -se encogió de hombros al hablar con total normalidad, no sabía nada de Lucy. Por un lado le molestaba, pero por otro lado era bueno. Se sorprendía, si, a cada rato con las cosas que decía o sus expresiones en el rostro y tenía que hacer un esfuerzo por quedarse prendido en cada una de sus cambiantes actitudes. Humedeció sus labios y miró al cantinero que conocía, guiñandole un ojo distraíamente. - ¿Está bien?
—Ajá, si.— Le aseguró con una pequeña sonrisa. Y al apoyar ambos brazos, cruzados sobre la barra, apoyó sobre ellos su propio rostro. Mirándolo de esa manera, de costado, examinando las expresiones de Fred ligeramente, como si ella fuera capáz de leer trás los ojos de alguien, como si... como si lo conociera lo suficiente.
Ninguno de los dos se conocía al otro, y eso era bueno, para ella también. Porque... no todo era brillo, como a él le gustaba pensar, tal vez, o color. No todo era rosa en la vida de Lucy por mas que eso pareciera. Y lo más triste era que no trataba de que todos pensaran eso, jamás.
La miró unos minutos alzando una de sus cejas al no entender que le sucedía. Alzó su mano lentamente, con algo de duda mientras el cantinero se iba en busca de su pedido, tal vez era el momento, o la stuación. Pero no había el silencio que Fred creyó sentir, ni la tensión, pero al dejar una mano sobre la mejilla de Lucy, moviendo sus dedos suave y cuidadosamente, en una pequeña e inocente caricia de su parte. Algo raro en Fred, pero ahí estaba. - Si hablas un poco mas no me ofendo, kiddo.
Cerró los ojos ante el contacto. Mas que su hermano, nadie más solía hacerle caricias, y no tan seguido. Entonces ese mínimo contacto, por más extraño que le resultara, era agradable. Era la piel de tibia de alguien más rompiendo con su frialdad, el hielo de esa máscara inconsistente que se derrretía con el caer de las lágrimas. Freddie le había demostrado un interés que a ninguno de los dos les convenía. Era casi... peligroso. Porque Lucy ya había aceptado varias verdades que le dolían dentro, pero no sabía hasta cuando podría aceptar.
—Gracias por traerme esta noche aquí, Fredster.— Le sonrió, pero no abrió sus ojos. Y entonces,a gregó inconciente. —Te quiero.
Fue una suerte que en ese mismo momento que ella soltó las palabras que mucho a Freddie no le gustaban. Alejó su mano dandole un suave golpe emocionado a la barra intentando despertar a la chica ignorando sus palabras. - C'mon, kiddo. Basta. Te traje para que te diviertas -tomó el vaso bastante grande de cerveza acercándole el de ella. - No quiero que te pongas así, sino me iré y te dejaré sola con estos locos.
Etiquetas: freddie silver
sábado, 17 de julio de 2010 @ 4:52 / 0 daisies
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