Bueno no veo porque tenga que importarte y sinceramente me trae sin cuidado. ¿Qué pasará cuando te lo diga? Probablemente me tengas lástima, odio despetar algún sentimiento en la gente y sobre todo pena —contestó con un tono frío y agrío. Tomó una amarga y larga bocanada de aire con pesadez.
- No siento pena por poderes, por que yo también lastimo a la gente y he visto como agonizan en minutos por mi culpa o por un simple enojo infántil. -se detuvo en medio del caino guardando los zapatos en su bolso. - Me parece, que ya que te tiene sin cuidado que me importa algo tan mínimo como eso, no tiene sentido seguir en este 'paseo' por que a ti no te importa que esté aquí. So, adiós, Gabriel, suerte con tu personalidad -le dio un par de palmaditas en su hombro mientras se daba la vuelta realmente dispuesta a cambiar de camino. - Y ahora si te tengo lastima.
Yo no dije que no me importara que no estuvieras aquí; sino me hubiera importando no te habría invitado a ti, Lizbeth, hubiera venido solo o con cualquier otra persona —murmuró con desdén, tragándose todo su orgullo—. Yo no te tiro al mar si tú me das una tregua, otro día te contaré que hago.... otro día cuando sepa como decirlo —se giró para mirarla, de espaldas.
- No necesito una... tregua para...
Suspiró varias veces para tranquilizarse, aun de espaldas sabiendo que no podía enojarse y si lo hacia iba realmente a lastimarlo. Se mantuvo unos minimos segundos algo eternos y se dio vuelta para mirarlo, dejando caer el bolso en la arena.
- ¿Quieres tirarme? Hazlo -se acercó un poco extendiendo los brazos a los costados. - Es increíble cuando pasa para algunos. Hazlo, no te tendré rencor y de paso me debes una.
Gabriel extendió sus brazos y la cargó en brazos, uno en su espalda y otra en la mitad de sus piernas. —¿Cómo quieres que te tire aquí en medio? —susurró, adecuando su tono de voz a la distancia que los separaba. Comenzó a andar, mientras observaba su propio reflejó en los ojos de Liz. —¿Puedo preguntar...? —se encogió de hombros ligeramente—. ¿Por qué quieres acabar con tu vida tan rápido?
- No, idiota, al mar ahí -se quejó señalando el agua bastante lejos, pero agua en fin. Comenzó a patalear sin muchas energias como las tenías antes, cruzandose de brazos mientras él la tenía en brazos. - Tengo una notebook y un celular en mi bolso que podrían robar mientras te tomas el tiempo, tortuga, aprecio mi vida, sólo te quiero mostrar algo cuando me tires.
Prometeme que no te matarás, quiero darme el gusto en mitad del océano —le informó mientras se giraba con unos pasos rápidos, para avanzar hasta la orilla. Sin pensarlo demasiado, y a pesar de que el agua estaba un poco fría, se metó casi hasta la cintura, para asegurarse de que había profundidad suficiente como para que ella no se abriera la cabeza.
Tapate la nariz, sirenita —dijo antes de girar al torso para tomar fuerza y lanzarla, no demasiado lejos.
Seguramente había sido gracioso para Gabriel verla 'volar' hasta caer en el agua pero debería ser aun mas gracioso cuando salieron millones de burbujas del agua y finalmente Lizbeth, escupiendo toda el agua que había tragado al no cerrar ni la boca.
Siempre había odiado aquello pero había mucha gente que le gustaba verlo y se había acostumbrado al dolor, como tanto le había enseñado Cedric. Al tener el fuego en su organismo, al tocar el agua, se producía un momento extraño donde la piel de Lizbeth se apagaba, dejando salir un humo de su piel como si fuera una especie de tetera.
- Esto es pena. Que no puedas tocar el agua por que te sucede esto y todo el mundo se rie en tu cara. Y puedo seguir, pero tengo orgullo también -movió un poco sus manos tratando de tranquilizar el humo que salía en su cuerpo pero no podía lograrlo. - Aplaude si quieres.
Se acercó hasta ella, zambulliéndose por completo, para cuando estuve a su altura sacó sus manos del agua. Una de ellas se quedó a escasos centímetros de su humeante piel.
Te aplaudiré solo si te hace ilusión —dijo mientras clavaba sus ojos en sus propios dedos, que se movían por entre aquel aire blanquecino.

Ignoró el embarcadero aunque amaba que en ese momento hubiera aparecido ya que estaba empezando a odiar caminar tanto, sobretodo con el dolor de su cuerpo. Se mantuvo en silencio caminando, girandose de un momento a otro para quedar frente a él, levantando una de sus manos para dejarla cerca de Gabriel, pero aun sin tocarlo.
- No puedes tocar a la gente. Está bien, es injusto. Pero... ¿la gente no puede tocarte? -frunció el ceño esperando que él le diera la oportunidad.
Su frente se pobló de arrugas cuando se percató de que tenía a la chica delante de él.
Tú y tus ocurrencias.... —resopló—. Ten cuidado, lo mismo se te cae la mano a pedazos —la previno con una gesto de fingida seriedad, mientras se quedaba quieto y erguido.
- No son ocurrencias -se quejó pero se mantuvo en silencio el tiempo restante, de nuevo mirandolo fijamente como si estuviera haciendo algo sumamente importante para el resto de su vida. Acercó su mano una vez más al rostro de Gabriel, apoyando suavemente cada uno de sus dedos sobre su mejilla viendo si algo le pasaban. Al ver que no sucedió nada apoyó por completo su mano terminando por deslizarla sobre su mejilla para mover su dedo en una especie de caricia, como si pudiera aliviar todo aquel dolor que ella creía que tendría alguien que no podía tocar a las personas. - No eres tan monstruoso como crees.
Por un momento su corazón dejó de latir y volvió a bombear sangre con rapidez cuando su mano completa se posó en su mejilla.
Cerró los ojos e inspiró, muy despacio y disimuladamente, sin querer hacer ningún movimiento brusco. Sin ser realmente consciente, su cabeza se dejó caer hacia un lado, hacia donde ella tenía su mano, y movió su rostro, en un burdo intento de corresponder con alguna caricia posible.
Ya... —fue lo único que pudo decir al abrir los ojos, como el ciego que ve por obra de un milagro, mientras se perdía en el brillo del sol sobre los de Liz.
Pocas veces le había pasado el no saber como moverse o que hacer. Pero en ese momento le pasaba, le había sucedido en el mínimo momento que Gabriel ladeó su rostro se quedó completamente paralizada con el corazón en la boca.
- Lo siento -susurró al escuchar sus pocas palabras, y dejó caer su mano. Con completa lentitud aun tratando de apreciar el momento pero dejandola caer al fin. Reaccionó un poco al hacer eso, giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia el embarcadero sin decir una palabra, frunciendo el ceño al caminar, pensando en lo que había pasado.

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viernes, 10 de septiembre de 2010 @ 11:51 / 0 daisies


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