¿Por qué...— Comenzó Keith, pero terminó por comenzar acercandose para ponerse frente a ella, y pudo haber tomado sus manos pero se limitó, al haber notado como era ella, a susìrar y mirarla a los ojos desde cerca. —Emma, estoy a tu lado.— Le aseguró, y luego de una mueca, continúo. —¿Por qué no me cuentas por qué lo odias tanto, huh?— Le dijo, retrocediendo para volver a donde estaba antes. —Cuéntame que te hicieron los Sweden, puedes confiar en mí.
Y esperaba que realmente confiara en él, finalmente, como él había confiado en ella.
- Es algo obvio -susurró girando los ojos y encogiendo los hombros. Era obvio para ella y suponia que las personas podían ser lo demasiado chismosas como para entenderlo. Emma se había encerrado en su casa, se había cortado el pelo ella misma hasta que después de lo irregular terminó por arreglarlo. Había puesto mas seguridad en su casa. Cualquiera podía notarlo y lo veía en las mujeres cuando ella pasaba caminando a su lado. Todos menos las personas que ella quería que lo sepan.
- Una vez descubrí algo de Sweden... nada del otro mundo. Pero cuando lo vi moviendo droga en Inferno, creyó que iba a ir corriendo a contarle a Hunter y esa noche envió gente a atacarme. -humedeció sus labios levantando la vista hacia Keith. Tenía un aire perdido pero no parecia que ninguna lágrima iba a salir de sus ojos. - A veces los atacantes se abusan de la situación. En todo sentido. Por eso lo odio. Simple.
¿Qué...?— Susurró para si mismo mientras la oía, negando al no poder creer aquello, al sentir un fuego que quemaba dentro, de odio al entender lo que decía. Y el fuego lo alentó a acercarse a ella, a acercarse de modo que al estar en frente, y escuchar que terminaba de hablar, le tomó el rostro entre las manos, elevandolo para que lo mirara, por la diferencia de altura.
Emma...— Le habló, sin entender la tranquilidad que llevaba en la voz al relatarselo; no cuando él se había alterado tanto, no se entendía, pero se ignoró entonces, siendo ella importante. —¿Has ido al médico cierto?
Aquella pregunta la dejó completamente indefensa, pestañeando varias veces frente a Keith sin moverse demasiado. Nunca se le había pasado por la cabeza un... medico. Ni siquiera había ido a la peluqueria, lo que menos había pensado era en eso. Se notaba en su rostro que la pregunta había ganado aquella batalla entre Emma y la tristeza que venía soportando pero no se rindió en ningún momento, sólo tragó lentamente buscando las palabras indicadas.
- Sí, Keith -susurró bajo pero él estaba cerca, iba a escucharla. - Pero ha pasado tiempo. Ya pasó -le advirtió mirandolo seria, sabiendo que no podia pedirle que también entrara en aquella farsa donde todo estaba bien pero al menos podía intentarlo, por que ella no quería enfrentarlo. Y tal vez no lo enfrentaría nunca. - Estoy bien. Es mas preocupante otras cosas.
¿Qué demonios dices?— Le contestó, rápidamente y en su rostro se notó el dolor y la preocupación que estaba sufriendo. No se laejó de ella tampoco, luego de acariciar sus mejillas, bajó las manos a sus brazos para verla de arriba a abajo con un suspiro de dolor, cargado de culpa. Porque podría haber estado antes, podría haberle dicho antes que se uniera a él pero siempre temía arriesgarse. Al menos hasta entonces.
Emma, necesitas ir a un médico.— Le aseguró, al no creer sus palabras. —Tú eres lo más importante, por Dios santo.— Su voz pareció calmarse un poco a pesar de sonar igual de preocupada. —Te necesito bien, sana para esto, así que por favor,— Le dijo tragando. —¿Me dejas llevarte a un médico?
- No.
Negó rapido sintiendo un cosquilleo en las mejillas y los brazos, igual que un nudo en el estómago que se extendía hasta su garganta. Solía suceder cuando estaba con Hunter, por lo que le costó entender el por que de la misma situación. No la conocia antes, menos ahora. Estaba contra la pared, pero se corrió hacia un lado dejando caer las manos de Keith por sus blancos brazos.
- Estoy bien, Keith. Estoy realmente bien -argumentó en su propia defenza, y a pesar de que sentía realmente bien que alguien le prestara atención por al menos unos minutos, iba mas allá de su personalidad. Seguramente cuando Keith se fuera, suponia que furioso o decepcionado por que ella no lo seguiría a ningún lado, iba a sentir ese minuto de calidez que había sentido cuando escuchó la preocupación en labios de otro. Tal vez eso fue lo que hizo que se quebrara minimamente, poco, por que no iba a permitirlo, pero sus propios pensamientos y teorías habían logrado eso. Subió una de sus manos a su mejilla para secar rápidamente la lágrima que había rodado con rapidez por su rostro y lo miró con seriedad.
juntando fuerzas para hablarle.- Gracias por preocuparte.
¡Por Dios, Emma!— Dijo, en voz alta, casi en un grito al notar que se alejaba, a lo que dejó sus manos cayeran, cerradas en un puño que se formó, de esa forma en la pared, golpeandola con fuerza. Sus ojos se cerraron, y la frente también se apoyó en la pared pero al instante, se giró para mirarla, suplicante.
Por favor.— Dijo, separandose de la pared para caminar a ella, a paso lento pero necesitando que le hiciera caso, que le concediera aquello. —Por favor, Emma.— Era una desesperante necesidad que sentía de asegurarse que estaba bien, y no era un profesional para asegurarlo, ni ella ni él. Así que... haría lo imposible hasta conseguir que ella lo aceptara.
Necesito... No me preguntes por qué pero necesito saber que estás y estarás bien, ¿si? Es importante.— Dijo, mirándola entonces a los ojos. —Eres importante.
Dio un pequeño salto cuando Keith golpeó la pared, mirando al hombre y luego a la pared algo asustada, pero no lo demostró demasiado ya que no lograba comprenderlo. Ni su preocupación. Ni ninguno de sus movimientos sin pensar, eso que ella pensaba cien veces antes de lograrlos. Humedeció sus labios llevando las manos a su frente, como si estuviera corriendo el cabello que le caería a la cara si es que lo tuviera largo. Pero el frío en su cuello le hizo recordar aquel miedo y recuerdo.
- De acuerdo -suspiró algo rendida, volviendo a mirarlo un poco mas seria y calma. - No es necesario que me mientas. Lo haré. Gracias -susurró terminando por apoyar su hombro en la pared, cerrando los ojos para volver en si.
Su comentario lo hizo enojarse, pero lo disimuló, tomadno aire antes de acercarse solo, y únicamente para susurrarle al oído:
Yo no miento, Emma Locker.
Y así se alejó, caminó en paz hasta la puerta, y apoyando el mano sonbre el pestillo, se detuvo solo para mirarla por encima de su hombro; —Te vendré a buscar en la mañana, e iremos, estate pronta, ¿de acuerdo?— Se lo dijo como un pedido pero casi que era orden. Y ella había accedido así que... Se limitó a abrir la puerta y salir; hablarían de Inferno y Sweden otro día, entonces ella era lo que importaba.

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viernes, 24 de septiembre de 2010 @ 0:17 / 0 daisies


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