A pesar del frío, Lizbeth estaba en la terraza, casi como de costumbre por simple hobbie. No por que significara algo para ella o por que pudiera ver todo el colegio y todo el cielo, tal vez si era lo mas cerca que podía llegar de su libertad pero no quería admitirlo, a fin de cuentas ya le había rogado a su madre que la sacara del colegio y Lucianne estaba pensandolo. No había muchas razones para quedarse en ese lugar y la única razón la trataba horrible, queriendo llegar a esa medida estupida que había tomado. Se giró un poco para mirarlo cuando escuchó su voz, sin saber realmente que decir. Había olvidado todas las palabras que quería decir, pero de todos modos se acercó a él tomando su mano sin permiso, aquella que había llevado a su cabello para dejar el anillo que le había regalado.
- No sé que sucede contigo para que me trates del modo que me trataste ayer, but, its ok. Yo si te extrañé y no importa que tu no. Y a pesar de que a veces te detesto y quiero matarte, siento demasiadas cosas por ti como para hacerlo, y está mal, por que sé, sé, que para ti soy otra más. Salvo que no soy rubia -bromeó encogiendose de hombros como si no le importaba cuando le dolia mas que cualquier cosa. - Y me siento completamente usada a tu lado, y no quiero enamorarme de ti y que a ti realmente te de igual. Por que a mi si me importa. So... te devuelvo el anillo por que seguramente alguien si lo merezca. Aunque fue lo mejor que me regalaron en años. Digo... -no terminó de decir lo que quería por que se inclinó para besar la mejila de Aaron, dandole leves golpecitos a su hombro de un modo un tanto extraño.
Se miró la palma de la mano, en la que le dejó aquel anillo. Lo miró mientras la escuchaba, porque la estaba escuchando a pesar de aparentar pensar en otra cosa totalmente desubicada, como si cualquier cosa que Liz diga no le importara para nada. Cuando en verdad era todo lo contrario, sólo que no se dejaba hacerlo notar. Después alzó la mirada pretendiendo estar tan serio como siempre, quedarse con esa expresión controlando tanto si fuera a enojarse, o mostrarse débil. 
Cerró el puño con fuerza y olvidó que aún tenía el objeto dentro de éste, hasta sentirlo y llevar nuevamente la mano al bolsillo, así aflojar la mano y dejarlo dentro. No iba a insistir en que se lo quedara si ella no lo quería, no era de esas personas y no iba a cambiarlo por ella, más de lo que ya se sentía cambiado. No supo bien a que venía todo aquello, en verdad, no le veía bien el sentido, pero se quedó callado por unos cuántos minutos, sólo mirándola y apenas humedecerse los labios cuando se propuso el responderle.
No sabes nada—rió con ironía, diciendo como para empezar, aclarando lo recalcado que había dejado sobre que era “otra más”—. Si lo supieras, créeme, y créeme—repitió alzando las cejas—, que sabrías como trato a las demás, y como te trato a ti.—tomó aire, estaba dispuesto a aclararle todo lo que ella parecía malinterpretar, aunque se veía culpable de tampoco haberle tratado de hacer entender anteriormente—. No soy yo estando contigo, y me asusta.—admitió dando unos pasos hacia atrás, sacando sus dos manos de los bolsillos para levantar los brazos estirándolos para los costados, en esa manera de decirle que lo mire, que lo mire bien y se dé cuenta, a pesar de no poder saber realmente como trataba a las demás al no estar con él en esos momentos.
Volvió hacia ella, acercándose a su oído al apenas bajar un poco su cabeza. Se mordió el labio superior antes de susurrarle:— Enamórate de mí, Liz.—levantó una de sus manos a acariciarle el rostro y moverse lo mínimo para que sus frentes se junten; la hubiera besado si no fuera porque se sentía rechazado por ella, o que lo sería al hacerlo.
(La respuesta de Aaron le chocó al instante, se notó cuando dio un paso hacia atrás abriendo los ojos algo sorprendida, no esperaba realmente eso. Esperaba una especie de 'bien, vete, no me molestes mas, me alegro que te vayas', por que se había preparado para eso psicologicamente. Que Aaron fuera de ese modo realmente le sorprendió y se quedó un tanto perdida. Por mas maldita que fuera Lizbeth tenía esos estupidos sentimientos vivos y todos eran por Aaron. Pero se notaba su sorpresa, se notaba en sus ojos abiertos que ya de por si eran grande y en ese momento lo eran peor, con una mezcla de miedo que desapareció cuando él se acercó a ella y dijo esas palabras. Aquellas que lograron aquel estremecimiento de su parte, por que si trataba de convecerla con eso lo había logrado para toda la vida.
- Maldito -susurró casi en tono de broma aunque no lo fuera por parte de Liz, quien apoyó su mano en el pecho de Aaron. - Cuando te arrepientas va a ser verdaderamente tarde, y te vas a arrepentir -era dificil entenderla pero si tenía dos neuronas sabía que se refería a lo que pasaría si ella se enamoraba de él. Colocó un dedo sobre el mentón de Aaron, logrando con una mínima presión bajar su rostro y poder acercarse ella esta vez y cortar la distancia por completo al atrapar sus labios rapidamente, llevando su mano a la mejilla de Aaron sintiendose estúpida al extrañar el peso del anillo.
Ladeó una sonrisa al recibir esa especie de insulto por parte de Liz, porque al menos no estaba siendo rechazado, como había temido serlo. Y lo único que hizo como para responderle, fue negar con la cabeza; no, no iba a arrepentirse por su cuenta, si lo había dicho era porque él así lo quería, y también a pesar de odiar admitirlo estaba en su misma situación, sólo que tendría que tener cuidado con sus propios sentimientos, al no haber terminado de la mejor forma la última vez, y única, en que se había enamorado. Tenía ese sentimiento prohibido para él, por él mismo, sólo que Liz había podido hasta con su razón, que lo hacía sentir inútil e idiota.
Bajó sus manos para rodearle la cintura, apegándola a su cuerpo por sus manos unidas. La obligó a echarse un poco hacia atrás, encorvar su espalda, al él tirarse hacia delante, apenas, moviendo ligeramente su cabeza para corresponderle besándola suavemente, pero seguro y firme. Aún así, la dulzura que ejercía en aquel beso era impropia de Aaron, pero ya todo era impropio al estar con ella. 
Lo siento. Siento lo de ayer—le susurró sobre sus labios, sintiéndolo en verdad y notándose en sus ojos cuando los abrió para mirarla, admirarla. Separó sus manos para elevar la izquierda a su mejilla y con el dedo índice acariciarle, y con los demás simplemente rozarle, hasta la parte derecha de su mentón, donde la apoyó para dejarla quieta y poder darle un pequeño beso—. ¿Eso era lo que me querías decir? ¿Quejarte en vano y maldecirme?—preguntó al recordar que había ido a la terraza porque Liz quería hablar, y él sin dudar ir por poco arrastrado.


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lunes, 14 de febrero de 2011 @ 1:08 / 0 daisies


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